Fortalezas de Jaén: Castillo Santa Catalina, Jaén

Volvemos con una nueva entrada sobre las Fortalezas de Jaén, porque además de un mar de olivos, Jaén se caracteriza por ser la provincia con más castillos, torres, atalayas y fortalezas de España. Nos encanta Jaén, es una provincia interesantísima con grandes hitos históricos, artísticos y patrimoniales, ¿aún no la conoces? Viaja con nosotros y descubrirás el castillo que corona la ciudad. 

La ciudad de Jaén es desde hace varios siglos un mero lugar de paso por el que pocos turistas se pierden. Esta ciudad sigue siendo una confluencia de numerosas rutas que van del norte a la costa. provincia jaenLos cartagineses ya reconocieron la ubicación estratégica de Jaén a la que llamaban Aurigi por sus minas de plata. Bajo el dominio romano se erigió como ciudad con el nombre de Flavia, y tras la caída del califato pasó a ser capital de uno de los muchos reinos de taifas, interpretación de los árabes de su origen latino Gaien -villa-, se llamó Yayyan en época andalusí.

Su ubicación estratégica la convirtió en escenario de sangrientas batallas durante la Reconquista: el desfiladero de Despeñaperros constituía la célebre puerta de entrada desde Castilla a Andalucía, ya que en este lugar aparentemente inexpugnable un pastor mostró un sendero al ejército de Alfonso VIII para llegar hasta el pie del mismo.

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Desfiladero de Despeñaperros

De este modo, se abrió un camino hacia Andalucía que le permitió iniciar una conquista cristiana contra los musulmanes tras su victoria sobre los almohades en Navas de Tolosa en 1212. Jaén, no obstante, que cayó en 1246 a manos del rey Fernando III, tuvo poca importancia como ciudad fronteriza en la lucha contra el reino de Granada y parece que este sino la sigue acompañando en la actualidad. Culturalmente, esta zona es excepcional, pues en este reino se funden los paisajes artísticos tanto de Castilla como de Andalucía.

El reino de Jaén fue durante siglos frontera natural entre el mundo árabe y el cristiano, por lo que durante la Reconquista sus numerosos castillos fueron estratégicos en el tira y afloja entre reyes castellanos y del reino nazarí. El castillo de Santa Catalina de Jaén es uno de esos testigos en los que se fraguó la historia de España.

A mediados del siglo IX el emir Abd al-Rahman II establece la capital de la cora o provincia en Yayyan, momento en el que ya se estaba construyendo la mezquita aljama. Yayyan se convirtió en una ciudad muy próspera, protegida con unas fuertes murallas; tenía abundantes manantiales de agua, al menos tres mezquitas, cinco baños y fértiles huertas. Los historiadores de la época decían que Yayyan era la ciudad “más esforzada en hombres e inexpugnable”, tanto que “cuanto mas veces quisieron tomarla los ejércitos cristianos más lejana la vieron”.

Características de una Alcazaba

En la ladera del cero de Santa Catalina, se edificó la alcazaba donde se ubicaba la residencia del gobernador de la ciudad durante las épocas emiral y califas (siglos IX-X), separada de la madinat o ciudad amurallada. En la cima del cerro, el alcázar dominaba el extenso territorio y que con la inestable situación política de Al-Andalus entre los siglos XI-XII con las múltiples luchas por el poder, hizo que la residencia del gobernador se trasladase a la cumbre del cerro dentro del alcázar viejo, donde estaría más protegido, contruyéndose incluso otro recinto defensivo previo al alcázar, el conocido como castillo de Abrehui.

 

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Aclaremos algunos términos. El término alcazaba -del árabe qasaba- se suele entender  como un castillo fortificado, cuya función era la de residencia de la autoridad política o sede del gobierno en un núcleo urbano. En su origen, la alcazaba era una ciudadela que, aun estando vinculada al recinto fortificado, mantenía la suficiente independencia como para ser capaz de seguir resistiendo tras la caída de una ciudad o para servir de refugio al gobernador si la población del núcleo urbano correspondiente se rebelaba contra su autoridad. La elección del sitio en el que se construía la alcazaba estaba determinado por la mejor situación estratégica, generalmente en un alto.

La falta de vertebración institucional de la ciudad islámica hizo que en ella el poder estuviera concentrado en un solo lugar amurallado, ubicado en un punto periférico de la cerca urbana y privilegiado por la topografía. Con sus murallas autónomas, accesos independientes, espacio para tropas y caballerías, palacios, huertos, aljibes, cementerio y, como no, mezquita, era la ciudad del poder dentro de la ciudad. Su trazado y tamaño, e incluso su propia denominación, fueron evolucionando; al comienzo, desde los primeros amsar hasta la época de las Cruzadas, predominaron las de nueva planta y, como las residencias omeyas, adoptaron por lo general formas muy limpias y autosuficientes desde un punto de vista geométrico, ya que predominaron los rectángulos y los cuadrados, con torres y puertas rígidamente distribuidas y decoradas. Con la debilidad del islam, las fortificaciones que protegían al poder se multiplicaron; además de la complejidad e interacción de los trazados, que convertían a la topografía en su aliado, las alcazabas incluían barbacanas, fosos, corachas -muros que atajaban espacios baldíos-, albarranas, puertas con recodos múltiples, auxiliadas por matacanes, búhoderas, rastrillos y patios intermedios, poternas y pasadizos…; todo ello muy impresionante, pero de nada sirvió ante la artillería.

El castillo

Con la llegada de los musulmanes la fortaleza adquiere, a lo largo del siglo VIII, el aspecto de una alcazaba que en 1246 pasará a manos de Fernando III al conquistar la ciudad al rey Alhamar. De la vieja alcazaba árabe se guarda documentación de diez puertas ya desaparecidas entre las que se encuentra la Puerta del Sol, la de Granada o la de Baeza.

mapa castillo
Mapa recinto Castillo Santa Catalina 

Tres fortificaciones llegaron a conformar la antigua fortaleza construida en la cumbre del cerro de Santa Catalina:

El Alcázar Viejo, residencia de los gobernadores de Jaén como Ibn Hamusk -quien arrebató la ciudad a los almohades en 1159 con ayuda de Ibn Mardanis, señor de Murcia- hasta que entregó la ciudad en 1169. La residencia estaba dentro del alcázar -zona mejor protegida de la ciudad- con un palacio preparado para las recepciones oficiales, estancias privadas, zona de servicios y espacios al aire libre. El salón de recepción estaba ricamente decorado: la puerta de acceso era de doble arco de herradura con dovelas -unas decoradas de ataurique con motivos vegetales y otras pintadas en rojo-. El elemento arquitectónico más destacado es la albanega central, decorada con el árbol de la vida y palmetas que cubren toda la superficie y rematada con una cenefa epigráfica. La decoración de este palacio se realizó durante el reinado del rey Alhamar, la abundancia decorativa de las paredes era el elemento de propaganda política y expresión de poder -además de ocultar la pobreza de los materiales constructivos como lo era el tapial-. Existen dos fases de proyectos decorativos:

  • 1ª fase (siglo XII): la decoración es abundante, se combinan motivos geométricos y vegetales -lacerías, palmetas, piñas- enlazando con tradición andalusí.
  • 2ª fase (finales s. XII primera mitad del s. XIII): recoge un cambio hacia la austeridad, la decoración ahora se caracteriza por su sencillez y sobriedad, dejando espacios libres de decoración.

El castillo-palacio de Abrehui, del que se solo se conservan algunos bastiones de mampostería, se situaba en la parte llana y norte del cerro, cercado al Alcázar Viejo con el que compartía el mismo patio de armas aunque separado por murallas. Su planta era rectangular, estaba protegido por un antemuro grueso y torreones en el interior. Ambos fueron derruidos a mediados del siglo XX.

Y el Alcázar Nuevo, ordenado construir por Fernando III en el siglo XIII. De los tres, este último es el que conserva y mantiene más o menos intacta su estructura original; pero no seria hasta los siglos XIII al XV, durante los reinados de Alfonso X El Sabio y Fernando IV el Emplazado, cuando se intensificaron las obras. Periodo en el que también se levantó una capilla de estilo gótico tardío, donde se venera a Santa Catalina de Alejandría, copatrona de la ciudad junto a la Virgen de la Capilla.

En cualquier caso, la imagen que actualmente podemos ver del Castillo de Santa Catalina corresponde más a la que contaba en el medievo. La fortaleza que hoy visitamos tiene una planta casi triangular, con un amplio patio de armas ubicado en el centro del cerro y dotado de dos aljibes.

Está protegido por seis torreones, entre los que destaca la Torre del Homenaje, con 40 metros de altura, consta de dos plantas iluminadas por pequeñas troneras y cubiertas por bóvedas de aristas cruzadas con arcos muy apuntados ojivales, dotada de recios muros y coronada por almenas y matacanes protectores.

Junto a esta, la Torre de las Damas, encargada de proteger el acceso al castillo, de estructura rectangular en cuyo interior encontramos un salón cubierto por bóveda de cañón, iluminada por ventanas ojivales con ajimez; dos torres albarranas -una de las cuales alberga la capilla- de planta cuadrada, cubiertas por bóveda apuntada; la Torre de la Vela, de planta pentagonal que alberga una gran sala y desde cuya azotea se emitían señales luminosas a otros puestos defensivos del entorno, o la última, la Torre de las Troneras, donde encontramos otro de los elementos curiosos de la fortaleza, ya que, desde el medievo, esta torre fue utilizada como letrina, algo no muy común en los castillos de la época y uso que los franceses optaron por mantener.

El Condestable Iranzo se refugió aquí cuando tuvo que hacer frente a la nobleza sublevada a favor de Pedro I contra su hermanastro Enrique IV, lo que supuso el inicio de la ruina de este castillo.

En el primer cuarto del siglo XIX las tropas napoleónicas convierten el recinto fortificado en un gran acuartelamiento o plaza-fuerte desde la que acometen un riguroso control de la mayor parte de la provincia y, sobre todo, de los pasos estratégicos de Sierra Morena. Para ello, distribuidos entre los tres alcázares, instalaron alojamientos para la tropa regular, caballerizas, calabozos, oficinas, polvorines y, hasta un hospital con cincuenta camas.

Tras la derrota en la Batalla de Bailén, y antes de abandonar definitivamente la plaza, los franceses  bombardearon el interior del castillo lo que lo hizo entrar en una fase de abandono y deterioro. También cumplió funciones de penal y cementerio y entre 1965 y 1979 se llevó a cabo la construcción del Parador Nacional.

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Parador Nacional 

Actualidad del castillo

Asimismo, según las últimas excavaciones realizadas en la zona, se sabe que en el interior de la antigua fortificación árabe existió un palacio o zona aúlica, de la que se han encontrado algunos restos de elementos decorativos, y que sufrió diversas transformaciones a lo largo de las diferentes etapas históricas. Algunas de sus dependencias, en determinados momentos, cumplirían no sólo una función residencial, sino que también albergarían espacios administrativos o serían lugar de trabajo de los funcionarios estatales.

Actualmente, el castillo cuenta con un Centro de Interpretación en el que se recrea buena parte de su evolución y de la historia de Jaén, ciudad donde se puede completar una magnífica jornada con la visita a su catedral, joya del renacimiento andaluz, a los baños árabes de mayor dimensión de Europa o al conjunto escultórico más importante de la cultura ibérica que se exhibe en el Museo Arqueológico Provincial.

Bibliografía:

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